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Luciana Vazquez

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Av. 9 de Julio, B1001 Cdad. Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Heladería Tienda

Fundada en 1957 en la emblemática Avenida Corrientes, la heladería Cadore es mucho más que un simple comercio; es un pedazo de la historia gastronómica de Buenos Aires y un testimonio de la tradición familiar. Su origen se remonta al pueblo de Cibiana di Cadore, en el norte de Italia, desde donde la familia Olivotti trajo sus recetas y su pasión por el gelato artesanal, escapando de las dificultades de la posguerra. Este legado es, sin duda, su mayor fortaleza y el pilar de su prestigio, que la ha llevado a ser reconocida internacionalmente por publicaciones como National Geographic y Taste Atlas como una de las mejores heladerías del mundo.

La Calidad y Tradición como Estandarte

El principal atractivo de Cadore reside en su inquebrantable compromiso con el método artesanal. A diferencia de muchas cadenas modernas, aquí el helado se elabora y se vende en el mismo local, asegurando una frescura y una calidad que muchos clientes consideran inigualable. No utilizan cámaras frigoríficas para almacenar grandes producciones; lo que se hace en el día, se vende en el día. Este enfoque, que sus dueños describen como "helado de pueblo", garantiza un producto hecho en el momento, con ingredientes de primera calidad. La materia prima es seleccionada meticulosamente, utilizando frutas frescas exprimidas en el día, cacao de alta gama, vainilla en chaucha y huevos de campo.

Sabores que Cuentan una Historia

La carta de Cadore, con cerca de 50 sabores de helado, es un equilibrio entre la tradición italiana y el gusto argentino. El protagonista indiscutido es el dulce de leche. Lejos de utilizar preparados industriales, en Cadore elaboran su propio dulce de leche en un proceso que dura entre 9 y 14 horas de cocción a fuego lento, partiendo de leche, azúcar y chaucha de vainilla. El resultado es una textura y un sabor que, según sus fieles, es como "comer un tarro de dulce de leche". Este sabor, en sus variantes como el dulce de leche granizado, es un clásico imperdible.

Otro sabor estelar es el pistacho. Durante un tiempo, debido a dificultades de importación, tuvieron que racionar su venta, lo que generó un gran revuelo entre sus clientes. Hoy, han desarrollado una versión con pistachos 100% nacionales de San Juan que, según afirman, los llena de orgullo y compite en popularidad con el dulce de leche. El chocolate amargo también se encuentra entre los más solicitados, demostrando la preferencia del público por sabores intensos y puros. Además de los clásicos, Cadore no teme innovar, habiendo creado sabores únicos como la crema chai, inspirada en un viaje, o la naranja con jengibre, que se convirtió en un éxito de ventas.

Aspectos a Considerar Antes de la Visita

El prestigio tiene su contraparte. Visitar Cadore, especialmente durante los fines de semana o las noches de verano, a menudo implica una espera considerable. Las filas pueden extenderse por 20 o 30 metros sobre la Avenida Corrientes, un factor que puede disuadir a quienes buscan una gratificación instantánea. El local, aunque cargado de historia, es angosto y el espacio para sentarse es muy limitado. La experiencia está más orientada a comprar el helado para llevar y disfrutarlo paseando por la zona de los teatros que a una sobremesa tranquila.

El Precio de la Excelencia

La calidad superior y el proceso de elaboración artesanal se reflejan en el precio. Cadore se posiciona en el segmento premium de las heladerías en Buenos Aires. Un kilo de helado puede tener un costo significativamente más alto que en otros establecimientos de la ciudad. Si bien sus dueños argumentan que un buen helado sigue siendo un lujo accesible en comparación con otros gastos, es un punto importante para el consumidor que busca la mejor relación calidad-precio. La percepción de valor dependerá de cuánto se priorice la tradición, la calidad de los ingredientes y el reconocimiento internacional por encima del costo.

Una Experiencia Más Allá del Cucurucho

Pese a las posibles demoras y el costo, la visita a Cadore es defendida por su clientela como una experiencia completa. Es la oportunidad de probar un producto que ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Es conectar con una tradición familiar que ha perdurado por más de 60 años, manteniendo intacta una receta que cruzó el océano. La atención, aunque pueda ser rápida por la alta demanda, busca mantener la calidez de un negocio familiar. Para muchos, el helado no es solo un postre helado, sino el producto de una pasión que se transmite de generación en generación. Además de los clásicos cucuruchos y potes, también ofrecen algunas tortas heladas y postres como el "Fantasía", manteniendo la misma línea de calidad.

En definitiva, Cadore no es una heladería para quienes tienen prisa o un presupuesto ajustado. Es un destino gastronómico para puristas del helado artesanal, para turistas que buscan probar lo mejor de Buenos Aires y para locales que aprecian la historia detrás de cada cucharada. La decisión de visitarla implica sopesar las largas filas y los precios elevados frente a la promesa de degustar uno de los helados más aclamados del mundo, con un sabor a dulce de leche que, para muchos, no tiene comparación.

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