Dacol
AtrásEn la memoria gastronómica de Paraná, el nombre Dacol evoca una época definida por la calidad y la tradición en el mundo de los helados. Aunque hoy sus locales se encuentren con las persianas bajas de forma definitiva, esta heladería dejó una huella imborrable en varias generaciones de paranaenses, convirtiéndose en un ícono comercial de la ciudad por más de medio siglo. Fundada en 1952 por Ernesto Lino Dacol, la empresa familiar creció hasta establecer su emblemático local en la calle 25 de Mayo 60, frente a la Plaza 1º de Mayo, un punto de encuentro casi obligatorio para quienes buscaban disfrutar de el mejor helado de la zona.
La Calidad como Estandarte
El principal pilar sobre el que Dacol construyó su prestigio fue, sin lugar a dudas, la calidad de sus productos. Los testimonios de antiguos clientes coinciden mayoritariamente en este punto, describiendo sus helados como "exquisitos" y "los más ricos de Paraná". Esta percepción de excelencia justificaba, para muchos, uno de sus puntos más controvertidos: el precio. Varios usuarios señalaban que sus productos eran "muy caros", pero lo consideraban un gusto que valía la pena darse ocasionalmente, porque "la calidad tiene un costo". La elaboración de helados artesanales, manteniendo recetas y sabores a lo largo de los años, era su gran diferencial en un mercado que, con el tiempo, vería la llegada de franquicias y nuevas propuestas. Sabores como el "inigualable" dulce de leche eran motivo de peregrinación para locales y visitantes.
La oferta de Dacol no se limitaba a los clásicos cucuruchos o vasos. Su menú incluía una variedad de postres helados, tortas como la "Primavera" o la "Torta Da-col", bombones suizos y escoceses, palitos de fruta y sándwiches de helado, demostrando una gama completa para satisfacer diferentes antojos. Además, fueron pioneros en el servicio de delivery de helados en la ciudad, una comodidad que los mantuvo relevantes durante décadas.
Las Contradicciones de un Clásico
A pesar de su sólida reputación en cuanto a la calidad del producto, la experiencia del cliente en Dacol presentaba claroscuros. Las opiniones sobre la atención al público son un claro ejemplo de esta dualidad. Mientras algunos clientes felicitaban al personal por su "excelente atención" y "amabilidad", otros relataban experiencias completamente opuestas, llegando a calificar el servicio como "pésimo". Estas críticas apuntaban a un trato poco amable por parte de algunos empleados, lo que generaba una percepción inconsistente que podía empañar la visita.
Otro punto de debate era el balance entre tradición e innovación. Si bien ser un "clásico de la ciudad" era su mayor fortaleza, para algunos clientes esto también implicaba cierto estancamiento. La sugerencia de que "deberían avanzar con nuevos sabores" refleja el deseo de una parte de su clientela por ver una evolución en la carta, que se había mantenido casi inalterada durante años. Esta resistencia al cambio, que para muchos era una garantía de encontrar siempre sus sabores favoritos, para otros era una señal de que la heladería no se estaba adaptando a las nuevas tendencias del mercado.
El Cierre de un Ícono
La noticia del cierre de su local principal en la calle 25 de Mayo, ocurrida hace ya varios años, conmocionó a la comunidad. Según declaraciones del entonces propietario, Jorge Acevedo, la decisión no se debió a una mayor competencia o a un desgaste de la marca. El motivo principal fue un conflicto derivado de la asignación de toda la cuadra como parada de taxis por parte del municipio. Esta medida, según el dueño, generó un ambiente que ahuyentó a su clientela tradicional, mayoritariamente familiar, y complicó drásticamente la logística del negocio, como la descarga de materia prima y la gestión del delivery de helados. Las ventas cayeron estrepitosamente, haciendo inviable mantener las puertas abiertas del local que había sido el corazón de la empresa desde la década de los 80.
El impacto cultural de su cierre fue tal que incluso inspiró a artistas locales. La compositora Silvina Badano compuso un tango dedicado a la heladería, una canción nostálgica que lamenta la ausencia de sus sabores y el vacío que dejó en la ciudad. Letras que mencionan el "granizado" y el "dulce de leche bombón" son un testimonio del lugar que Dacol ocupaba en el corazón y el paladar de los paranaenses.
Un Legado de Sabor y Nostalgia
Hoy, la dirección de Gral. José de San Martín 602, que albergó una de sus sucursales, figura como permanentemente cerrada. Aunque ya no es posible disfrutar de sus helados cremosos, el legado de Dacol perdura. Representa la historia de un negocio familiar que priorizó la calidad artesanal por encima de todo, convirtiéndose en sinónimo de helado para miles de personas. Su historia es también una lección sobre los desafíos que enfrentan los comercios tradicionales: la dificultad de mantener un equilibrio entre precio y calidad, la importancia de una atención al cliente consistentemente buena y la necesidad de adaptarse a los cambios del entorno urbano. Para muchos, Dacol no era solo una heladería; era el sabor de la infancia, el postre de un domingo en familia y un pedazo de la historia de Paraná que, aunque ya no se pueda saborear, se recuerda con cariño y nostalgia.